Rocío tiene un lunar que duerme en su cuello, y de vez en cuando, camina. A orillas del río, me lo mostró.
- ¿Con agua fresca? – pregunté...
- ¿Con agua fresca? – pregunté...
Despertó sobresaltado, rodó hacia su cintura y pretendiendo atraparlo...
Conocimos el abrazo...Pero el pequeño se escabulló entre mis dedos, y rastreándolo por su espalda...
Inventamos las caricias...Por los susurros de mi voz en su oreja, volvió a escapar; y mientras tomaba un descanso entre sus ojos...
Contemplamos la mirada.
Soñando, cayó por su nariz y al hundirse en la boca...
Despertamos los besos dormidos.Y llegando a las cimas de unas montañas, el inquieto lunar se arrojó al vacío...
Los pies de Rocío salvaron su vida... La pequeña manchita no se dio por vencida y continuó escalando cuesta arriba: Primero por sus pantorrillas, luego por las rodillas y por debajo de su falda, desapareció.
Husmeando, buscando y rebuscándolo, ésa noche...
Descubrimos el milagro.Texto publicado en el libro "Los sueños y los ecos" (Editorial Dunken).
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1 comentarios:
descubrir el milagro, reinventar las caracias...
construir el sentido único de un nuevo beso...
hermoso Lean!
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