26 de abril de 2008

Por los siglos de los siglos...

No había estrellas.
Adam alzó la cabeza, y Él debió improvisarle un cielo.
Tampoco había agua: Adam se arrojó y nadó en océanos inventados.
Y, sin sombra para el descanso, Él derramó semillas y lluvia, y los árboles crecieron.

Adam, único hombre, pensó. Y Él debió crearle la mente.
Abrió su boca y, en la sonrisa, les esculpió dientes.
Adam tuvo hambre, Él rasgó la tierra e inventó el cultivo.
Y cuando sintió soledad, le creó a ella.

Ya eran dos caminando por el mundo.
En sus pasos innovaron la senda, la verdad, los besos y los abrazos.
Tuvieron algo por decir: descubrieron las palabras y crecieron sus orejas.
Ella fundó el pecado.
Él concibió el perdón.
Y, sobre el contorno de sus labios,
el vértigo vivió.

Había paz, mucha paz. Y en una cueva inventaron la noche:
ella obsequiaba la forma
a él, peregrino de sus curvas.
Y en alas del tiempo sucedieron los siglos,
y de niños y alegría el mundo se colmó.

Pero nuestros pasos no hallaron sus huellas.
De la paz hicimos guerra.
De los bosques, tala.
De las virtudes, cobardía.

Nosotros, solitarios seres entre tanta compañía,
tenemos abrazos y morimos de frío.
Tenemos perdón y ejercemos el silencio.
Tenemos el fruto y agonizamos de hambre.
Tenemos verdad y promulgamos mentiras.
Tenemos abundancia y profesamos la avaricia.
Tenemos ayuda y manos dormidas.
Tenemos de sobra y nos sigue faltando.

Desde la oscuridad de la cueva, ellos nos preguntan:
¿Qué les está pasando?

Y yo... No se que contestar.

A los besos que beso.
A Patricia.

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS (COPYRIGHT).
DESCARGA DE ARCHIVO PARA LECTURA PARTICULAR:

Safe Creative #0804260610913

1 comentarios:

eika dijo...

La mente del hombre es compleja, los temores nos gobiernan y al final quedamos solos.

Bello escrito, bella casa. Gracias por guardarme un lugar en ella.

Un abrazo en este domingo lluvioso.

Ei.