
Fue una noche iluminada a pura luz de estrellas, cuando golpeó las puertas del cielo.
Dios, asustado, calzó su dentadura y a paso trastabillado, atendió.
El diablo había llegado desde los infiernos, suplicando un favor...
Ésa noche, sonaron los truenos antes de hora, y los ángeles amanecieron con justa razón.
El todopoderoso trazó líneas, perímetros, diseñó circuitos y la obra comenzó.
Los ángeles cargaban, llevaban, enroscaban, apretaban, traían y probaban…
Y luego de unas horas, el ventilador gigante estuvo listo.
San Pedro ancló el sillón celestial frente a la máquina y lo llamó a sentarse.
Satán fue atado de pies y manos, y luego de unos cuantos retoques, la cuenta regresiva comenzó.
EL viento rabioso se coló por nariz, por orejas y por boca; y navegando en sus venas, le embistió el corazón. Los ojos exaltados se le empalidecieron; las llamas se desgarraron de su cuerpo, la piel se le agrietó y al cabo de unos pocos minutos, limpito de pecados, quedó.
Lleno de ira y envidia, Marcos lo reprimió;
Mariano se comió hasta lo último que quedó de ellos…
y el montoncito de monedas caídas,
ella se llevó.
sobre una esquina olvidada,
Florencia duerme la siesta eterna…
y Walter, con unos pesos,
pasa el rato entre sus piernas.
con siete pecados extirpados,
que volaron y destruyeron,
lo que en siete días creó.
Y los soplos del diablo
continúan llegando,
a este mundo,
que a fuerza de injurias,
gira y seguirá girando.
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