28 de mayo de 2008

Deshojando naturaleza.

Por los labios del mundo, camina el amante.
En los suburbios, se pierde el linyera.

En la niñez, trota el caballo de madera.

Y por el viento, viaja la semilla:

de soplo en soplo,

de nube en nube,

de sol en luna,

y de cielo a tierra.


Y el Naranjo…, nace.


Y del amante, nace la caricia,

el hambre, del linyera,

del hombre, el hogar,

y del niño, la inocencia.


Y el naranjo pregunta:

¿Qué hacer con mi fruto?

¿Para quién mi flor?

¿Para quién mi rama?

¿Y para qué mi sombra?


Al naranjo flaco…, flaquísimo, lo engordó un diluvio; el invierno lo enfermó, lo desvistió el otoño y la sequía lo envejeció.


Y al tiempo le crecieron las horas, los días y las eternidades.

Y a la eternidad ya le había crecido el hombre.

Y al hombre su mansión a orillas de un lago; y decidió que el viejo naranjo entorpecía s
u visión…


Debajo de la última sombra que queda en el mundo, el niño pregunta:

¿Por qué muere de hambre el caminante?

¿Dónde están las flores que regala el amante?

¿Ya no hay ramas donde cante un pichón?


Su caballito de madera calla; no responde ni vuelve a galopar.


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4 comentarios:

©Claudia Isabel dijo...

Leandro, que lindo que escribís!
me gusta, gracias por pasar por mi blog y hacerte conocer...
Un abrazo

Anónimo dijo...

Lean:

Esto crece y crece, y a la par, mi alegría de que así sea.
Abriste la puerta y las palabras estaban ahí, ¿y ahora quién las para?

te quiero mucho.

Gabriel.

paula varela dijo...

"Y a la eternidad ya le había crecido el hombre"

me encantó esta imagen, Lean.
bella, bella!

raizen dijo...

Las flores que regala el amante se llevan en el corazón.
Preciosas tus letras. Gracias por tu visita a mi blog.

Saludos desde Venezuela