Era una tarde de gris Domingo, sentados en la última mesa de un centenario bar de San Telmo. El Pipa Romero, pensador de la vida, contaba a voz ronca las andanzas de la noche anterior.
- Imaginate..., saqué el fierro del baúl y le rompí, vidrio por vidrio..., foco por foco...
Hacía calor. La cerveza bajaba y el Pipa gesticulaba y sus manos contaban más rapido que su boca.
- ... ¡Después, seguí por los dientes! ¡Ni siquiera uno para la sopa le dejé!
Y su palma gigantesca, propietaria de muchas victorias, aporreaba la mesa.
Y luego de diez minutos más de sermón explicativo, hizo la pausa. Me miró fijamente y levantando su dedo índice al cielo, vociferó:
- ¡Por boludos como ése, el mundo está como está!
Y luego de un sorbo profundo, agregó:
- ¡Y por pelotudos como yo, éste mundo jamás tendrá solución!
A Ariel R.
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2 comentarios:
Hola!!!
La verdad que me dirijas unas palabras es todo una sorpresa!!!!Gracias por el comentario, pero mas gracias aun por descubrirte. Me confieso una apasionada del cine, aunque ignorante siempre. Seguire leyendote...
Besos
Tania
jajajaja... muy sabio autoanalisis de conducta!!
Hay que reconocer que, aunque para mis gustos es un bruto por sus acciones, su reflexion es de un sabio...
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