26 de septiembre de 2008

Los tiempos del tiempo.

Cuando el tiempo era joven, los pobladores de la isla Morcelie se reunieron a los pies del mar.
Los más pequeños, de fuertes pulmones, formaron en las primeras filas.
Los deportistas más fornidos se ubicaron detrás.
Siguieron los cuarentones y padres de familia.
Y por último, aquellos viejitos que ni el tiempo los recuerda, culminaban la procesión.
Tomados de las manos, inflaron sus pulmones y soplaron durante días, horas y años…

Aquella carta que Julio Bautista había escrito, se elevó por los aires, se escabulló entre las nubes y se perdió en el cielo.

Con su último aliento, Elena Hairabedian me contó ésta historia.
Me contó que la carta tardó toda una vida en atravesar el océano y arribar al gran continente.
Para ése entonces, el mundo ya no era el de antes: había desechado sus viejos ropajes y se vestía de modernismo; las luces de colores colgaban de las esquinas, gigantes de cemento devoraban las estrellas; se encarcelaban las costas con barandas de hierro y se perfumaban las calles con hollín.

Y me habló de Juan Bautista.
Él..., había sido su amor.
Un amor al que los entretiempos de la vida los había separado.

Y con el último de los últimos esfuercitos, Elena puso un sobre en mi mano y me contó que Juan, aún, debía estar esperando su respuesta.

Salí corriendo.
En la costanera cerré el sobre, alcé la carta al cielo y pedí ayuda.
Pero descubrí que en los tiempos modernos ya no soplan las brisas.
Que en los tiempos del hoy, ya no soplan los favores.
Y que en los tiempos del mañana, ni siquiera cabrá lugar para las pequeñas historias.


Y me volví vacío.
Vacío y sólo;
mientras la respuesta de Elena,
se ahogaba en las cercanías.

A mis viejos.

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2 comentarios:

nat nicastro dijo...

eh lean, tal vez la carta q mandaste esté en camino... siempre dificil comunicarnos, siempre una que otra peste en el mundo, como ahora lo es el capitalismo, mas.. vamos hombre! q nos ha tocado este tiempo y hay muchas buenas historias para hacer, para contar, para lo que mas quieras. beso.

raizen dijo...

Siempre habrá un lugar, aunque sea escondido en un corazón, para una historia como ésa, llena de grandeza.

Saludos y un abrazo