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Ya cerquita del cielo, se mece y escucha.
Él, golpeando cacerolitas, le toca y cocina.
Sonríen.
Y desde el cielo, llueven los recuerdos a sus vidas:
Abren el paraguas y cuelgan sus bastones.
Él, sale en busca de la noche.
Ella dice adiós al día.
En las piernas de un árbol; descansan.
Y paseando la memoria,
recuerdan las carreras en los parques:
Ella..., siempre vencía.
Eran otros los tiempos:
Ella le había prestado sus labios;
y él conmemora en el beso,
como nació la vida.
En el barrio de Mataderos,
sacudía sus manos y cantaban los tambores.
Caminando por las vías, ella lo descubría.
Setenta años pasaron.
Setenta años de aquel día.
Y con la memoria gastada...
recuerdan:
Ella le había pedido una noche...
Él..., le obsequió su vida.
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2 comentarios:
Preciosas letras Leandro, sobre todo la frase final contiene todo el amor que se profesaron.
Saludos y un abrazo
Que bello poema!!!
aveces el amor dura toda la vida.
Un abrazo
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