Uno poeta, el otro ferretero.
Comían en una fonda;
el primero contaba:
La canilla del patio pierde.
El otro día me quedé observándola.
Cada gotita,
transparente e insípida
se arrojaba del pico y caía al vacío
soñando que dejaba de ser gota
para convertirse en un destello de cascada;
y libre ya
de aquellas angustiantes cañerías,
vivía sin más preocupación
que su presente vuelo...
Y se quedó contemplando a Mario, quien lo miraba expectante.
Pero la realidad siempre te alcanza:
El piso la recibió
salpicado por otras millones de partículas de agua
que tuvieron el coraje de buscar su felicidad.
Luego hizo una pausa y palmó el antebrazo de su amigo.
Marito...
mi vida es sinónimo de aquel vuelo,
donde la paz con la cual tropiezo
dura milésimas de segundo:
desde que la gota salta al abismo
hasta que halla el pavimento.
Mario suspiró profundamente, pensativo y se atrevió aconsejarlo:
Pasate el lunes por la ferretería que te doy un suplemento para alzar la canilla unos cuantos metros.
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS - COPYRIGHT
2 comentarios:
Un tipo inspirado en las interminables obras maestras de la naturaleza escribe y se explaya en las solitarias líneas de un cuaderno, destinado a ser tatuado de por vida por maravillosas ideas de su poseedor, su mentor: el artista y su arte...
Andres De Lucia
Un aplauso a tus palabras.
Linda manera de verlo...
Publicar un comentario