Se puso de pie.
Apoyó su bastón sobre la pared.
Sacó de la heladera una pequeña torta.
Prendió una vela.
Dio unas palmaditas
y sopló.
Ya sentado,
charló con el silencio.
Y luego de un largo rato,
extendió su dedo
y sobre un vidrio empañado,
escribió:
Te extraño,
en esta noche de poca luna
y de mucho llanto.
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